
Rompí el contacto cero. Sólo para saber cómo está, como si yo no tuviera que hacerme cargo que como estoy yo. No me juzguen. A pesar de que crean que es un retroceso, resultó ser mejor de lo que pensaba porque me pasó algo que no imaginaba.
Me hastié.
Me aburrió su discurso, su buenismo, su victimización y al contrario de lo que podríamos pensar, salí fortalecida e incluso rabiosa, como alguna vez proclamó Shakira en esa canción tan mala. Lo admito, soy viuda de la Shakira antigua.
De paso, también me aburrí de mí. Me cansé de andar por la vida como un alma en pena, mustia. A esto se suma que dejé de idealizarlo y me focalicé en sus defectos. Ejemplo banal es que no le gustan los Beatles y dice abiertamente que están sobrevalorados, lo que en su momento me encantaba porque es una opinión impopular. Entonces yo, “ah es que él se atreve” … pamplinas. Alguna vez creo que escuché a Pirincho Cárcamo decir que había que desconfiar de quienes no le gustaban los de Liverpool.
Ya, pero no quiero pelarlo, la idea de esta columna es atravesar con madurez un duelo emocional, no dejar como chaleco de mono al hombre. ¿O lo pelamos? No, broma.
Es que creo que empecé la fase tres. Volví a reírme a carcajadas y al mirarme al espejo no tengo la cara de tristeza de hace algunas semanas. A ver, no cantemos victoria, sabemos que esto es un sube y baja. Quién sabe la próxima semana les cuento que volví. No, otra broma.
De hecho, el contacto cero, por lo menos a mí, me hacía peor. Imaginé los peores escenarios, hasta que había vuelto con su ex, pero al chatear nuevamente, toda su perorata me pareció tibia y yo me enamoré de un hombre arrojado y decidido.
Quizás lo que más extraño es como yo me sentía al estar enamorada. Entregar amor de pareja era algo que tenía dormido desde hace muchos años y él generó que me diera cuenta de que puedo hacerlo sin miedos otra vez. Despertó a la bestia.
Querer, cuidar o desear impetuosamente a otra persona era un rasgo de mi personalidad que emergió desde las profundidades, sensación adictiva y estimulante. Como conclusión, creo que este duelo es más que todo porque echo de menos a esa mujer, a la que fui cuando estábamos enamorados.
Puedes leer la parte 1 acá, parte 2 acá, parte 3 acá, parte 4 acá, parte 5 acá y parte 6 acá.






























